La pregunta llega casi siempre tarde. Los padres nos consultan cuándo llevar al niño al dentista cuando ya hay un motivo: una mancha oscura en un diente, una caída con golpe en la boca, un colegio que ha pasado una revisión. Y para entonces ya hemos perdido la parte más valiosa de la odontopediatría, que no es tratar, sino evitar.
La recomendación de las sociedades de odontopediatría es clara y sorprende a mucha gente: la primera visita al dentista debe hacerse cuando sale el primer diente, y en todo caso antes del primer año de vida.
¿Antes del año? ¿Para qué, si apenas tiene dientes?
Precisamente por eso. Esa primera cita no es una revisión en el sentido habitual: es una consulta de prevención dirigida a los padres, y dura poco.
En ella se revisa cómo están saliendo los dientes, se comprueba que no haya alteraciones en el frenillo que dificulten la lactancia o el habla, y sobre todo se resuelven las dudas que de verdad marcan la diferencia en los años siguientes: cómo limpiar unos dientes que acaban de salir, qué pasta usar y en qué cantidad, qué hábitos conviene cortar a tiempo y —la más importante de todas— cómo se transmite la caries en la primera infancia.
Porque la caries infantil no aparece de la nada. Es una enfermedad infecciosa, y las bacterias que la causan llegan a la boca del niño desde los adultos que lo cuidan: al soplar la comida, al probar la cuchara, al limpiar el chupete con la boca. Saberlo cambia bastante la rutina diaria de una casa.
Y después, ¿cada cuánto?
Lo razonable es una revisión cada seis meses. En un niño, seis meses son mucho tiempo: la caries avanza más rápido en los dientes de leche que en los definitivos, porque el esmalte es más fino y la pulpa está más cerca de la superficie.
Estas revisiones son cortas y, si todo va bien, consisten en mirar, contar dientes y poco más. Eso también tiene un propósito: que el niño asocie la consulta con algo neutro y previsible. Un niño que solo va al dentista cuando le duele algo aprende que el dentista es el sitio donde le duele algo.
«Total, son dientes de leche y se van a caer»
Es lo que más oímos, y entendemos de dónde viene. Pero los dientes temporales hacen un trabajo que no se ve.
Guardan el sitio donde saldrá el diente definitivo. Cuando una muela de leche se pierde antes de tiempo, las de al lado se desplazan hacia el hueco y el diente permanente sale apiñado o no encuentra espacio para salir. Muchas ortodoncias de los diez o doce años se explican por una muela de leche que se perdió a los cinco.
Además intervienen en la masticación, en la pronunciación y en el desarrollo del maxilar. Y una caries en un diente de leche duele exactamente igual que en uno definitivo, puede infectarse y puede afectar al germen del diente permanente que está creciendo justo debajo.
Cómo hacer que la primera visita salga bien
La experiencia de la primera cita condiciona muchas de las siguientes. Algunas cosas ayudan:
- Elija la hora con cabeza. A media mañana, descansado y sin hambre. Nunca a la hora de la siesta ni al final de un día largo.
- No anticipe miedos. Frases como «no te va a doler» o «no tengas miedo» introducen una idea que el niño no tenía. Mejor hablar de la visita como de algo normal: van a contarle los dientes.
- No use el dentista como amenaza. «Como no te laves los dientes te van a pinchar» funciona fatal, y funciona en nuestra contra durante años.
- Cuidado con su propia historia. Si usted lo pasó mal de pequeño, procure no contarlo delante. Los niños leen la tensión de los padres con una precisión asombrosa.
- Deje que el niño responda. Cuanto más hable directamente con el odontólogo, más control siente y menos ansiedad tiene.
Lo que puede hacer en casa desde el primer día
La higiene empieza antes que los dientes: después de las tomas, basta con pasar una gasa húmeda por las encías. Cuando sale el primer diente, se pasa a un cepillo infantil de cerdas suaves.
Sobre la pasta, la pauta actual es usar pasta con flúor desde la erupción del primer diente, ajustando la cantidad a la edad: un grano de arroz hasta los tres años y un guisante a partir de ahí. Es una recomendación que ha cambiado en los últimos años, así que conviene confirmarla en la consulta.
Y una regla que resuelve más caries que ninguna otra: nada de biberón ni de zumo en la cama. El líquido azucarado permanece horas en contacto con los dientes mientras el niño duerme y la saliva está en mínimos. La llamada caries del biberón es de las más agresivas que vemos y de las más evitables.
Hasta los siete u ocho años, el cepillado debe supervisarlo o rematarlo un adulto. La destreza manual para hacerlo bien no llega antes.
Señales para pedir cita sin esperar a la revisión
- Manchas blancas, marrones o negras en cualquier diente.
- Dolor o molestia al comer o al beber frío.
- Encías rojas, inflamadas o que sangran.
- Un golpe en la boca, aunque aparentemente no haya pasado nada.
- Un diente definitivo que sale detrás de uno de leche que no se ha caído.
- Respirar habitualmente por la boca o roncar al dormir.
- Succión del dedo o del chupete que continúa pasados los tres años.
Preguntas frecuentes
¿Hace falta un dentista especializado en niños?
No es imprescindible, pero ayuda. Un odontopediatra está acostumbrado al manejo de la conducta infantil y conoce las particularidades del desarrollo dental. En una clínica multidisciplinar, además, el niño puede seguir con el mismo equipo cuando llegue el momento de la ortodoncia.
¿Qué pasa si mi hijo se niega a abrir la boca?
Ocurre, y no es un fracaso. En esa edad la primera visita puede limitarse a que el niño se siente, vea el sillón y se vaya. Forzar una exploración el primer día suele costar caro en las visitas siguientes.
¿Hay que empastar un diente de leche?
Sí, cuando hay caries. Se trata para que no duela, no se infecte y el diente aguante hasta el momento en que debe caerse. Dejar que se pierda antes de tiempo tiene consecuencias sobre la posición de los dientes definitivos.
¿Cuándo aparece la primera muela definitiva?
Alrededor de los seis años, y sale por detrás de las de leche, sin que se caiga ninguna. Por eso pasa desapercibida y muchos padres la confunden con una muela temporal. Es una pieza clave y conviene protegerla desde que aparece.
En resumen
La primera visita al dentista no es para arreglar nada: es para que no haga falta arreglar nada después. Cuanto antes se empiece, más sencillo es todo, y más probabilidades hay de que el niño crezca sin miedo a la consulta.
En la Clínica Dental Vidal Castellano, en Las Palmas de Gran Canaria, la primera visita es gratuita. Puede ver cómo trabajamos con los más pequeños en nuestra página de odontopediatría en Las Palmas.


